lunes 9 de noviembre de 2009
Las palabras dicen muchas cosas
Las palabras dicen muchas cosas, pero detrás de las palabras y en cómo se elige ordernarlas, se dice más aún. Ningún discurso es librado sin una ideología, nunca están limpios de intenciones.
Nunca me había detenido a pensar en lo de “crimen pasional”, y después de leer lo que escribiste, mi “compulsión traductoril” me llevó a buscar en el diccionario de la RAE la palabra. Copio las acepciones que creo interesantes:
pasión.
(Del lat. passĭo, -ōnis, y este calco del gr. πáάθος).
1. f. Acción de padecer.
2. f. Lo contrario a la acción.
3. f. Estado pasivo en el sujeto.
4. f. Perturbación o afecto desordenado del ánimo.
5. f. Inclinación o preferencia muy vivas de alguien a otra persona.
6. f. Apetito o afición vehemente a algo.
Si aplicamos (mejor dicho, forzamos) estas acepciones a la frase construida de manera arbitraria (“crimen pasional”), obtenemos cosas interesantes y graciosas a la vez:
Por empezar ¿se padece la pasión? (me pregunto mientras me abstengo de un deseo fuertísimo de ir a buscar “padecer” al diccionario). Ahora, (¡atención!), la segunda acepción es aún más alarmante: “lo contrario a la acción” (o sea: ¿la pasión llega hasta antes de apretar el gatillo, o de alguna otra acción por el estilo?), y aquí se plantea una idea más o menos parecida a la tercera. No podemos negar que el sujeto que llega a cometer un crimen de género (y me animaría a cuestionar este término, también arbitrario; pero eso quedará para otro día) es merecedor de ser llamado el adjetivo que deriva del sustantivo en la cuarta acepción (“perturbado”, claro). Por otra parte, y haciendo uso de un tono gracioso, y por qué no, un poco de humor negro, se puede decir que si la acción primera de la quinta acepción se realiza con bastante ímpetu y vigor, empuñando un cuchillo o elemento punzante a elección sobre la persona amada, quiérase o no, uno termina por hacer que su media naranja baje el telón. Y la última acepción simplemente me remite a la frase popular “porque te quiero te aporreo”.
Volviendo a la entrada de Quique, también me quedé pensando en las palabras que “generan repulsión”. Para mí son esas que de tanto querer ser, no son más que eufemismos. Y detrás de ese escudo sobresale justamente lo contrario a lo que se quiere mostrar, que se supone que es la igualdad. Se me ocurre el ejemplo de Estados Unidos con su extrema idea de lo políticamente correcto. Cuando alguien construye estos términos, no se da cuenta de que se está reforzando la idea que se quiere desechar? (o sea, a mi me rompe más las pelotas q me digan rellenita que gorda….o qué es una “persona de color” sino un negro?)-
Las palabras dicen muchas cosas. Y de tantas, casi nunca dicen nada. Como dijo Alejandra Pizarnik, “las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia”.
viernes 6 de noviembre de 2009
Crimen Pasional (Ja!)
Crimen pasional es la forma solapada y encubierta que los medios y sus lineas editoriales eligen para evitar hablar de un tema que en pleno siglo XXI está tan vigente, la violencia de género. Resulta irrisorio la necesidad de encubrir algo cuando en realidad se debería tratar de solucionarlo. Hay millones de organizaciones dedicadas a combatir la violencia de género pero lamentablemente no hay una decisión política y de estado en esa dirección. ¿Qué utilidad tiene decir argentinos y argentinas cuando se genera una diferencia implícita por parte del estado?
La igualdad de género es algo necesario para que todos y todas podamos vivir en una sociedad más armoniosa y solidaria. Reconozco que personalmente muchísimas veces desde el lenguaje y desde algunas expresiones he "comprado" esas frases que hacen una real diferencia de género. Me las escucho y me da bronca, me generan repulsión. En fin, tengo ganas de cambiarlo.
Hoy les dejo para ilustrar esto la voz de la señora Tracy Chapman. Le tocó ser mujer, negra durante el apartheid sudafricano. Nadie mejor que ella para cantar una situación tan apremiante como la violencia de género. Les dejo la letra traducida al español. Consejo: Léanla mientras canta, no empiecen antes.
BEHIND THE WALL - DETRÁS DE LA PARED
Anoche escuché los gritos,
fuertes voces detrás de la pared
otra noche más que paso sin dormir
No sirve llamar a la policía
Siempre llegan tarde
Si llegan alguna vez
Anoche escuché los gritos,
fuertes voces detrás de la pared
otra noche más que paso sin dormir
No sirve llamar a la policía
Siempre llegan tarde
Si llegan alguna vez
Y cuando llegan
dicen que no pueden interferir
con cuestiones domésticas
entre un hombre y su mujer
y mientras salen por la puerta
las lágrimas de ellas brotan de sus ojos
Anoche escuché gritos
luego un silencio que congeló mi alma
recé para que sea sólo un sueño
cuando vi la ambulancia en la calle
y el policía dijo
estoy aquí para mantener la paz
podrían dispersarse
creo que todos necesitamos dormir
Anoche escuché los gritos,
fuertes voces detrás de la pared
otra noche más que paso sin dormir
No sirve llamar a la policía
Siempre llegan tarde
Si llegan alguna vez
miércoles 4 de noviembre de 2009
¿Rapsodia? ¿Bohemia?

La gran mayoría de mis lectores conoce de mi fanatismo por Queen. El problema con ser fanático de algo es que uno cree que nada lo va a sorprender de lo que le gusta; que todo lo escuchó, que todo lo leyó, que todo lo vio y que todo lo sabe. De hecho eso me pasa también con la radio. A veces, mientras escucho radio estoy pensando en la cuestión técnica del quehacer radiofónico sin poder sentarme a disfrutar de qué y como se hace.
Sin embargo esto sucede hasta que aquellos que construyen un programa de radio tienen el talento de sorprenderte y maravillarte por el sólo hecho de llevar el lenguaje radiofónico a otro nivel. Eso me pasó hace dos lunes escuchando el programa de Fernando Bravo por Continental.
Rapsodia bohemia de Queen es considerado en la mayoría de los grandes charts como uno de los mejores temas de rock de todos los tiempos. No hay lista que no lo tenga entre los primeros cinco y la mayoría lo tiene en la primera posición. En el programa de Fernando Bravo, Marcelo Arce me hizo descubrir otro tipo de Rapsodia Bohemia. ¿Por qué Rapsodia Bohemia? ¿Por qué suena así la guitarra? ¿Por qué termina con un gong? ¿Por qué dice Magnificooo? ¿Por qué dice Bizmillah? ¿Qué significan los coros? En fin, una innumerable cantidad de detalles que me hacen sacar dos conclusiones. La primera: Marcelo Arce la tiene clarísima. La segunda: Es impresionante lo que Freddie Mercury sabía de música.
Les dejo esta pieza musical-radiofónica para que la disfruten, con lágrimas en los ojos como yo.
Por si se quedan con ganas de escucharlo nuevamente y esta vez con todo el contenido ya aprehendido pero sin la voz de Marcelo Arce por encima del tema, acá se los dejo limpito.
Por último, y porque nobleza obliga, si alguien quiere saber más sobre este genio de la apreciación musical llamado Marcelo Arce entre a www.marceloarce.com
domingo 27 de septiembre de 2009
Pasame letra
Poco se habló en este espacio de la ley de servicios audiovisuales a pesar de que quien escribe estuvo enteramente afectado a la cobertura del tratamiento de la misma. Recorrer los pasillos del Congreso de la Nación, observando y retratando radiofónicamente lo que sucede, me llevó a dos conclusiones. En primer lugar debo decir que la clase política argentina ha demostrado, por enésima vez, que no está a la altura de las circunstancias cuando le toca actuar sobre algún factor trascendental de la vida de sus ciudadanos. La segunda conclusión es que aquel sabio pensador italiano tenía muchísima razón en su libro "Discursos sobre la primera década de Tito Livio" cuando aseguraba que lo más importante en una república son las instituciones (se llama Nicolás Maquiavello, para algún distraido que ande por acá). Sin ellas, esta ley sería una herramienta más de gobierno, más allá de que sea posible que aún bajo la existencia de las instituciones lo sea de todas formas.
¿Qué decir sobre el tratamiento en Diputados? Políticos insultándose mutuamente, dirigentes desacreditando verbalmente las reflexiones de otros, ninguno con un interés real y constructivo formando parte de las audiencias públicas, legisladores que hacían honor y culto de su desconocimiento sobre la ley y bloques partidarios que consideraron que no representar al pueblo era la mejor manera de representarlo (si te molesta la redundancia, andá y quejate al congreso). Clase política mediante, volvamos a las instituciones. Se supone que allí, donde está la representación del pueblo, se encuentra la salvaguarda contra el despotismo, la desidia y la prepotencia. Allí está el tratamiento que el pueblo le da a las leyes para tratar de evitar que los grandes se salgan con la suya. Sin embargo, el pueblo es torpe, bruto, agresivo, desagradable, ignorante, grosero, holgazán y despreciable; o, por lo menos, así son sus representantes que brindan en cada ocasión un espectáculo bochornoso.
Honrosísimas excepciones se encontraron la noche de la votación en el recinto donde, más allá de sus banderías, algunos diputados realizaron una oratoria digna de una persona que se gana la vida a través de la palabra. Diputados como Lozano, Bonasso o Morandini (es escasa la lista porque escasos son los buenos oradores) realizaron un análisis pormenorizado en tan sólo 10 minutos de los pro y los contra de esta nueva ley de medios. Tal vez no se haya notado en la prosa de mi texto, con lo cual, quizá sea importante realizar una aclaración en esta instancia, esta columna no se trata de estar a favor o en contra de la ley de servicios audiovisuales, eso debería ser, para este entonces, una opinión formada en cada uno de los lectores dependiendo de que canal de televisión vean. Esta columna tiene la intención de reflexionar sobre nuestro país, en este caso analizando sus políticos y sus instituciones, o parte de estos en un caso concreto.
Nada que rescatar en el circo de los "cíclopes de cristal que devoran ambición" (gracias Mollo) y sólo les importa que los legisladores sean lo suficientemente mediáticos a la hora de ponerlos a decorar el centro de una pantalla recubierta por graphs editorializantes de todos los colores, los números de la quiniela, la temperatura, la hora, alguna información de tránsito y si sobra espacio algún otro detalle menor que pueda atragantarnos un ratito. La política a través de la tele nos llevó a que los principales esfuerzos de los que tienen la responsabilidad de gobernar y/o legislar el país sea delante de las cámaras y no en sus puestos de trabajo. Así, no hay nada que hacer en el recinto pasada la hora de los noticieros ya que tiene mucha más notoriedad salir a perder la chabeta con eufóricas denuncias de nulidad que se vuelven nulas a medida que van tomando ese color tan extraño de la pantomima payasezca.
Senadores, otro cantar. Allí el debate está transcurriendo un poco más civilizadamente. Se supone que ellos son la Cámara Alta y por ende, su altura les hacer ver las cosas desde más arriba, a otro nivel. Ya no necesitan discutir ni insultarse; los chicaneos irónicos y las miradas de desprecio son la representación de la agresión en la alta sociedad. Otro nivel, quizá no otro conocimiento pero seguramente a otro nivel. Es como aquella familia snob que no se permite ningún comentario escatológico porque les resulta desagradable recordar que, en el mejor de los casos, todos ellos se sientan en nuestro redondo y blanco amigo al menos una vez al día. La elite no se permite mostrarse desagradable aunque si se permite serlo, siempre y cuando sea, puertas adentro y con mucha discrecionalidad.
El transcurrir de la discusión no genera muchas esperanzas ni espectativas. No nos brinda una cuota de optimismo a la hora de pensar que esta clase política argentina actual, vomitada de las pantallas de LCD de 42 pulgadas, pueda tener la suficiente jerarquía moral e intelectual como para regir sobre uno de los aspectos más importantes de los argentinos en el Siglo XXI, sobre la principal manera de entender el mundo que tienen las nuevas generaciones, los medios de comunicación. En este marco de terrorífico pesimismo encontré una situación que me resultó aún más controversial. Jamás supe que sentía una maestra cuando enganchaba a algún alumno o alumna copiándose, hasta que vi esto el jueves pasado. En la primera audiencia pública en la Cámara de Senadores el presidente del bloque de la Unión Cívica Radical, Gerardo Morales, se acercaba a la presidenta de la comisión de Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados, la diputada Silvana Giudici. Tal vez para que ella lo ayude a expresarse, se lo vio en una clara actitud corporal: "Che, Silvana, pasame letra". He aquí la actitud de nuestros dirigentes.
COMENTARIO APARTADO
DETALLES: Me hizo ruido toda la semana pasada una cuestión que noté llevando a cabo las coberturas en el Congreso de la Nación. El edificio no tiene ventanas. En ningún lugar donde se realizan las reuniones hay una salida al exterior. Luz artificial y nada que los conecte con la gente. ¿Cómo representar algo con lo cual uno no puede conectarse? Quedará para otra reflexión es tarde y mañana me espera otra larga mirada a las aberraciones de la política nacional.
martes 8 de septiembre de 2009
159 años atrás...
"Las publicaciones periódicas son en nuestra época como la respiración diaria; ni libertad, ni progreso, ni cultura se conciben sin este vehículo que liga a las sociedades unas con otras y nos hacen sentirnos a cada hora miembros de la especie humana por la influencia y repercusión de los acontecimientos de unos pueblos sobre los otros. De ahí nace que los gobiernos tiránicos y criminales necesitan, para existir, apoderarse ellos solos de los diarios, y perseguir en los países vecinos a los que pongan de manifiesto sus iniquidades."
Domingo Faustino Sarmiento - Recuerdos de Provincia, 1850.
Feliz día del maestro adelantado, la verdad no pude aguantarme hasta el viernes.

lunes 7 de septiembre de 2009
¡¡¡¡Buenos Días Buenos Aires!!!!
Los militares tienen sus propias regulaciones. Aquello que se permite entre los civiles, puede estar completamente prohibido a la hora de tener el uniforme puesto. Son leyes a medida de las circunstancias, sin consultar, sin posibilidad de debate. El rango que se ostenta en la manga es aquel que define las cuestiones centrales de la vida de los soldados y vaya usted a quejarse con su mamá porque sin duda esa será la única instancia en la que será escuchado. Algo así como enojarse con alguna regla impuesta por la “seño” del jardín, no hay tutía.
La sucesión de hechos de la semana pasada en el Congreso Nacional me dejaron esta sensación de incomodidad. Un plenario de comisiones trata una de las leyes más importantes para TODOS los ciudadanos de Argentina desde la vuelta a la democracia y frases como “usted se calla” o “acá se vota como yo digo” dominaron la escena. Basta con espiar de lejos una clase de polimodal para ver que los niños están mucho más verdes que en otras épocas. Esta devaluación generacional parece darse en todos los ámbitos de la sociedad; en nuestra clase política también.
Una clase política basada, casi exclusivamente, en la coyuntura con análisis del tamaño de la cabeza de un alfiler y sin tener en cuenta todo lo que sucede a su alrededor, todo lo que compromete una ley de estas características. Por supuesto, algunos ostentan en sus mangas más rayitas que otros y por lo tanto aquellos que tienen en su brazo algo parecido al logo de Citroen llevan las de ganar frente a los que tan sólo pueden ostentar el viejo logo de Fiat.
De repente, las normas cuidadosamente aplicadas a raja tabla por los obsecuentes de turno causan en la población un sinfín de daños que perjudican a pueblos enteros. Se intenta seguir adelante, se intenta luchar contra lo establecido hasta que una radio por allá y otra más acá, se apagan a la orden de algún pseudo capo trasnochado.
El desanimo es evidente, no hay ganas de seguir, ¿para qué? ¿qué sentido tiene sostener lo que las autoridades hacen insostenible? Hay un único sentido. Ese que el comunicador no puede ver en su rutina diaria. El otro lado, aquellos que esperan día a día y a la misma hora, la voz incondicional del otro lado del parlante. Esa voz que no le dice que no tiene ganas de hablar, aquella que siempre le atiende el teléfono, esa que logra eludir los horarios de visita y se queda siempre a su lado en la fría habitación de un hospital, esa voz que no se cansa cuando estamos en lo más álgido de nuestra cosecha con 40 grados a la sombra. Ella siempre está y la necesidad que tienen las personas de que esté, es el único sentido.
En ese momento, cuando uno cae en esa realidad y descubre lo importante de su tarea, que escapa enormemente a su persona, todo vuelve a empezar. Allí contra todas las regulaciones en contra, contra todas las adversidades, frente a todos los intentos de censura, contra todos los atentados a la libertad de expresión; allí frente a todas las circunstancias adversas vale la pena sentarse frente al micrófono y decir: “Buenos Días Buenos Aires” o “Buenos Días Vietnam” o cualquiera sea la ciudad que necesite escuchar un cálido saludo y una mano en el hombro, antesala del más sentido abrazo.